
Las amapolas, para el autor, representan la pasión, la libertad y la rebeldía.
En la vida ser amapola es una permanente decisión. No se está sino en ese lugar que se ha elegido, donde es imposible el desarraigo para luego el comercio y el regalo. La amapola es la contrapartida de la rosa inmóvil y perfecta destinada a la muerte en los ramos de los amores plásticos, en los obligados ojales y, en el mejor de los casos, en los nichos de los cementerios.
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