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miércoles, 28 de noviembre de 2018

HAZTE PEQUEÑA, SOLO MÍA (MILA BELDARRAIN)


LA NOVELA: A través de tres voces de mujer, nos adentramos en el oscuro mundo de la violencia de género, analizando al mismo tiempo la psicología del maltratador, sus artes de seducción y desenmascarando su comportamiento. También se profundiza en las razones que pueden llevar a tantas mujeres a caer ingenuamente en las redes de esos falsos amantes, que se convertirán en sus verdugos. La narración se entrelaza con el hecho histórico del crimen ocurrido en la casa-torre de Ursua (en Arizkun, Valle de Baztan), en donde el señor de Ursua mató por celos a su mujer hace varios siglos. Esta triste historia, también recogida en una vieja balada cantada, entre otros, por Mikel Laboa, se sitúa en la ermita de Santa Ana, que aún se conserva, frente a la casa-torre de los Ursua.

LA AUTORA: Mila Beldarrain Albaitero, licenciada en Filología Románica por la Universidad de Deusto, profesora de Lengua y Literatura en los institutos Bidebieta y Usandizaga de Donostia–San Sebastián y colaboradora del diario El Correo. Ha publicado las siguientes novelas: Oria, la Sultana Vascona; Petriquilla, Graciosa y el Verdugo negro; El Examen (Petriquilla en Madrid); Kursaal; Enigma; Domenja de Oñate (Premio Euskadi de Plata, 2007); Mi Extraña amiga Katalina; Bajo el cerezo; El Templario; La verdad de Moctezuma e Inesa de Otaduy y Olazaran.




lunes, 13 de junio de 2016

INESA DE OLADUI Y OLAZARAN (MILA BELSARRAIN)



LA NOVELA: Inesa de Otadui y Olazaran es la historia y el diálogo de una mujer con su tiempo. A través de las diez cartas que Inesa escribe a su hermano desde Oñati, cartas que tienen mucho de confesión, ahondamos en el interior de la protagonista hasta conocer sus sentimientos más íntimos. La novela es una historia de amor, de misterio y de realización personal. La danza será la gran pasión de esta heroína de finales del siglo XVIII, siglo de Las Luces, de La Razón, pero también antesala de la Revolución Francesa. En ese marco histórico transcurre la vida de Inesa de Otadui. Pronto aprenderá que es necesario luchar por aquello que amamos y que aún queda mucho camino por recorrer para que los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, grandes logros de ese siglo, alcancen también a las mujeres. Oñati, Bergara, Arretxabaleta, Baiona y San Sebastián son los escenarios en los que transcurre la novela. El conde de Peñaflorida, Xabier de Munibe y Areizaga y Los Caballeritos de Azkoitia conforman su trasfondo histórico. Tampoco faltan ecos de la matxinada de 1766. Pero, además, la novela es un juego sobre el valor de la imaginación y la creación como baluartes de nuestras vidas. Inesa de Otadui y Olazaran trasciende el tiempo y el espacio de su vida para llegar hasta nuestros días e interrogar al lector actual con sus dudas y reflexiones.

LA AUTORA: Mila Beldarrain Albaitero (1951) nació en Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa). Licenciada en Lengua y Literatura Románicas por la Universidad de Deusto, desde 1979 es profesora de Lengua y Literatura Españolas en el Instituto de Bachillerato de Bidebieta de San Sebastián. Tras sus primeros escritos, Cuando hablaba con Buffalo Bill, cuento, y la novela corta, Memorias de la innacción, publicó en 1994 la novela Oria, la Sultana Vascona, historia de la mujer que fue amante de Almanzor, regente a la muerte de al-Hakam II y madre del último califa cordobés. En 1995 publica Petriquilla, Graciosa y el Verdugo negro (De San Sebastián a Madrid en diligencia) y en 1997 El examen (Petriquilla en Madrid), relatos ambos centrados en la España del siglo XVIII y que por la fuerza de sus personajes se podrían haber titulado Goyescas. En 2000, publica la novela Kursaal, y en 2002 Enigma.


lunes, 31 de marzo de 2014

CORISANDA DE BAIGORRI (MILA BELDARRAIN)

LA NOVELA: Primavera de 1572: en vísperas de su boda en París con la princesa Margarita de Valois, el rey de Navarra Enrique III goza de unos días de caza y diversión en Saint-Etienne de Baigorri, en el castillo de los vizcondes de Etxauz. Allí se encaprichará de una bella pelirroja, Juana Leona de Juanikot, cagot –así llamaban los franceses a sus agotes–, a la que bautizará como Corisanda de Baigorri. Sin embargo, el relato va más allá de unos amoríos reales. Mila Beldarrain parte de este suceso que encontró escarbando en viejas cartas y documentos para escribir una novela ambientada en el tumultuoso cuarto final del siglo XVI. Atrapada por el personaje de Corisanda, la escritora se da cuenta de que la historia de esta joven cagot era, es, la historia de todos los parias del mundo, es también la historia de los poderosos de la tierra, es la historia de Navarra y la historia del inicio de la Europa de la Edad Moderna. Esta es la hermosa historia que cuenta Corisanda de Baigorri.


LA AUTORA: Mila Beldarrain Albaitero (1951) nació en Donostia. Licenciada en Lengua y Literatura Románicas, desde 1979 es profesora de Lengua y Literatura Españolas. Tras sus primeros escritos, Cuando hablaba con Buffalo Bill y Memorias de la inacción, publicó en 1994 la novela, Oria, la Sultana Vascona, historia de la que fue amante de Almanzor, regente y madre del último califa cordobés. En 1995, publica Petriquilla, Graciosa y el verdugo negro y, en 1997, El examen, ambos centrados en el siglo XVIII. Después les seguirán Kursaal, ambientada en el San Sebastián de la Belle Epoque y Enigma, historia de mugalaris, espías y criptógrafos. En 2007, logra el Euskadi de Plata con Domenja de Oñate.

viernes, 20 de noviembre de 2009

MILA BELDARRAIN: ENTREVISTA EN LA REVISTA DIGITAL "EUSKONEWS"


La entrevista que se reproduce en este blog ha aparecido en la página web http://www.euskonews.com/

Escribe por instinto, por necesidad y por placer. Confiesa que se siente bien consigo misma, dice encontrarse en esa época de la vida en la que puede mirar sin ira hacia atrás, y habla sobre si misma, sus libros, su familia y su trabajo con la naturalidad de quien no tiene nada que esconder. Compartir un café y una conversación con ella se convierte en un inesperado regalo y, por ende, en un enorme privilegio.
Empecemos por el final, por su último libro: “Mi extraña amiga Katalina”, en el que en 2008 una escritora, inmersa en un momento difícil de su vida, tiene la posibilidad de descubrir las razones que pueden llevar a una mujer del siglo XVII, concretamente a Katalina de Erauso, a decidirse por el travestismo, la ocultación y a emprender una vida insólita. ¿Cómo le llegó la inspiración para escribir esta historia?
Yo podía haber estudiado Historia, pero finalmente me decanté por la Filología Románica. Siempre me ha gustado la mezcla de la historia y la literatura. Da la casualidad de que llevo viviendo 22 años en la calle Catalina de Erauso de San Sebastián. Cuando mis hijos eran pequeños hacíamos intercambio de casas para poder viajar a otros países. Así, visitamos muchos lugares. Cuando dejamos aquello, recibí una llamada desde Canadá, de unas personas interesadas en visitar nuestra casa, simplemente porque se encontraba en la calle Catalina de Erauso. A raíz de aquella anécdota empecé a investigar la historia del personaje, y me encontré con muchas sorpresas.
Pero el libro llegaría más tarde.
Sí, llegó más tarde. A mí me encanta escribir. Es mi gran afición, me lo paso en grande. Soy como un chaval con su videojuego, que se mete en esa otra realidad y se olvida de todo. En mi casa hay mucha música, pero a mí no me importa en absoluto, me abstraigo, me meto en mi mundo y escribo, me pongo a soñar y me resulta muy gratificante. A raíz de algunas cosas que escribí surgió la novela.
Es una novela, además, que mezcla varios géneros, y en la que también hace acto de presencia el Realismo Mágico, ya que mezcla varias épocas.
Me di cuenta de que Katalina de Erauso era un personaje sin descubrir, y se me ocurrió establecer un diálogo con ella, desde la época actual. Dice un indio que no se puede juzgar a nadie sin estar tres días en sus mocasines, yo creo que eso es verdad. Así, intenté descubrir por qué Katalina hizo todas las cosas que hizo, qué podía estar pasando por su cabeza para actuar de aquella manera. Establecí un diálogo entre una mujer actual en un momento complicado de su existencia (crisis conyugal, indecisión...) y Katalina. Para nosotras, las mujeres, es mucho más difícil decidir qué vamos a hacer con nuestra vida. Consciente o inconscientemente la sociedad nos asigna un rol y la decisión es mucho más complicada que para los hombres. Hay cosas en común entre esa Katalina que decide escapar y mujeres del día de hoy que se lo tienen que pensar mucho, y a quienes les duele la decisión.
Ha vuelto a abordar la realidad de la mujer y algunas problemáticas relacionadas con su condición.
Es que soy mujer. He leído novelas escritas por hombres, con cuyos protagonistas hombres me he sentido identificada. Sí me da un poquito de rabia que se nos etiquete a las mujeres que escribimos historias de mujeres, como si estuviéramos en un lugar aparte. Hay un momento en la vida en el que el tiempo te echa el guante, es entonces cuando descubres que tienes fecha de caducidad y que lo que quieres hacer tiene un plazo. Esto es algo que nos ocurre a todos, a hombres y mujeres. En este sentido, algunas problemáticas son específicas de las mujeres pero otras son comunes al género humano.
Se trata de decidir.
Eso es, y es entonces cuando llega la angustia. Tenemos que optar por un camino, y al decir sí a algo decimos no a miles de opciones. En el caso de la mujer, cuando decide ser madre, esto es algo que se complica muchísimo.
¿Diría que reivindica a través de la literatura?
Yo reivindico desde mi puesto de mujer la situación de mujer. Creo que hay que reivindicarla y estoy convencida de que hay cosas que cambiar. No creo que la sociedad mime la posibilidad de los hijos que podríamos tener como se debería de mimar. Ahí habría que cambiar varias cosas, y nosotras mismas deberíamos de cambiar. Yo creo que mis pensamientos están mediatizados por mi circunstancia de ser mujer. Reivindico porque estoy contando lo que vivo.
Usted es una mujer que trabaja como profesora, ha formado una familia, cuida de ella y, además, escribe.
Y tengo la ventaja de contar con un trabajo que me permite compaginar otras cosas. Creo que eso debería de ocurrir en muchos empleos. A nosotras todavía se nos genera un conflicto importante cuando trabajamos durante toda la jornada y apenas vemos a nuestros hijos, es algo muy complicado. En este sentido, yo hago reivindicaciones explícitas e implícitas. Pero al escribir, mi objetivo no es sólo reivindicar. Yo no escribo para reivindicar, yo reivindico porque escribo.
En una ocasión comentó que se siente muy cómoda en el género histórico. ¿Se siente más segura escribiendo desde la distancia?
Sí, es cierto. Empecé a escribir cuando tenía 28 años, entonces me sentía muy mayor. En aquella época se llevaba un tipo de literatura muy intimista, las escritoras hablaban mucho de sí mismas y contaban cosas duras o dolorosas. Entonces tenía dos hijos pequeños y decidí que no podía escribir más, no seguí adelante. Me dediqué a la enseñanza, trabajé en la Administración en un cargo de responsabilidad y me di cuenta de que la política no me va nada. Cuando dejé el cargo empecé a escribir. No sé qué razones me impulsaron a escribir “Oria, la Sultana Vascona”, pero entonces me di cuenta de que escribiendo sobre un personaje desde la distancia, escribía con mucha tranquilidad, más serenamente. Aunque escribas una novela histórica te escribes a ti misma. En “Domenja de Oñate” hay parte mía, y también la hay en “Mi extraña amiga Katalina”. En el género histórico me siento cómoda y escribo con paz. Si me ocurriera una tragedia personal importante nunca escribiría sobre ella.
El periodo de documentación antes de escribir la novela importante. ¿Cómo es su proceso?
Primero busco un personaje que me atraiga, o del que me hubiera gustado saber más. Entonces dedico un año a la documentación. Algo que ahora, con Internet, es muchísimo más fácil. Una vez tengo toda la documentación hago un plan. En esto soy muy germánica (sonríe). Me hago el plan en mi cabeza y en un papel. Y a partir de ahí empiezo a escribir. Esto no quiere decir que necesaria y obligatoriamente esté sujeta a ese plan, porque a veces la propia escritura toma su propio camino y lo voy cambiando.
¿Es muy metódica?
Totalmente. Además, creo que si me pusiera a escribir alterada, al día siguiente mi creación me parecería una mierda. Yo me siento y me pongo a escribir con la cabeza fría. Cuento cosas más o menos pasionales, pero con la cabeza fría. Salvo cuando tengo trabajo de instituto, escribo todas las tardes de cuatro a ocho, así, a palo seco. Y, por supuesto, muchísimas veces no me apetece nada. Sin embargo, también es verdad, que cuando me pongo me enredo enseguida.
Y, si está inspirada ¿puede alargar el tiempo que dedica a escribir?
La verdad es que no, y por razones familiares. Aunque mis hijos estén fuera de casa, yo cumplo el horario de cena etc. Además, una vez transcurridas las cuatro horas ya no rindo tanto.
“Salvo la lista de la compra, nadie escribe para sí solo”, manifestó en una entrevista.
Claro, yo escribo para que me lean. Yo creo que un libro no está acabado si no lo lee nadie. Las novelas están hechas para que las lean. La novela es el resultado de la mezcla de impresiones del escritor y el lector. Entre tanto no es nada, para mí no tiene sentido. Siempre digo que el resultado final de una obra es como una barra de labios. Cogemos una misma barra de labios, te la pones tú y me la pongo yo, y el color será distinto. Una novela tendrá éxito en la medida que sea capaz de levantar dentro del lector pensamientos, sensaciones o reflexiones propias.
¿Nunca ha escrito diarios?
Cuando tenía 15 años, luego los leí y los rompí, completamente avergonzada. No he vuelto a hacerlo.
¿Es muy exigente con su trabajo? ¿Se corrige y se relee mucho?
La verdad es que sí. Leo, releo, se lo doy a mi príncipe para que lo lea. La leen más personas antes de que se publique. Tengo tal obsesión con las erratas que me pongo límites a mí misma. Es que si vuelvo a releerla la volvería a escribir.
¿Diría que escribe por necesidad?
Sí. Disfruto mucho escribiendo, me siento bien. Me tranquiliza. Unos dicen que soy terca, yo creo que soy tenaz. Necesito expresarme.
¿Le gustaría dedicarse a la escritura de forma profesional?
Si te soy sincera, hace unos años si me hubiera gustado. Pero dedicarse a la escritura de forma profesional supone mucha dedicación. Indudablemente, me dan envidia los escritores que tienen éxito. Aunque no sé hasta qué punto me gustaría llevar el tipo de vida que supone eso, porque significaría moverme mucho, estar siempre ocupada. No, no me gustaría. Me gusta llevar una vida tranquila y escribir sin tener demasiado éxito.
Pero en 2007 logró el Euskadi de Plata por “Domenja de Oñate”. ¿Cómo recibió el premio?
Me hizo una ilusión tremenda. No me lo esperaba para nada. Estaba en el instituto, cuando salí de clase encendí el móvil y tenía un mensaje de mi marido, él me dio la noticia. Bernardo Atxaga ganó el de euskera y yo el de castellano, fue algo muy especial, un orgullo. “Petriquilla, Graciosa y el verdugo negro” (1995) me la presentó el propio Atxaga, así que le conozco desde hace más años que ni sé y conservo orgullosa una foto con él recibiendo el premio. Me sentí muy feliz, como si me hubieran dado el Nobel. El primer premio de mi vida lo gané con el cuento “Cuando hablaba con Buffalo Bill”, y cuando me llamaron para darme la noticia me quedé pegada. El cuento lo había mandado mi marido a un concurso sin decirme nada y ganarlo fue algo totalmente inesperado e igual de magnífico.
Cuando se retire de la enseñanza, ¿le gustaría dedicarse completamente a escribir?
No lo sé. También me gusta mucho leer, compagino ambas cosas. Lo que sí sé es que, lógicamente, tendré mucho más tiempo, y quizá cambie mi rutina para escribir por las mañanas.
¿Qué es lo más satisfactorio de escribir?
Yo disfruto cuando estoy escribiendo en mi casa. Cuando sale el libro disfruto muchísimo también. Verlo ahí, con los demás, es una aventura. Y disfruto con esa aventura, con la de no saber si se leerá, si gustará...
¿Y lo más difícil? ¿Sufre en el proceso de creación?
No. Cuando escribo sé que estoy en mi casa y que no me pasa nada. No cuento cosas que me crean sufrimiento personal. Creo que mis novelas son positivas, y en ese sentido no sufro. Además, no quiero sufrir. Disfruto escribiendo y escribo porque disfruto, si no disfruto no escribo. Por eso no puedo hablar de desgracias o tragedias personales. Me meto mucho en lo que escribo, he sido Katalina durante un año. Todavía recuerdo cómo, cuando leí La peste de Camus con 18 años, estuve sumida en una gran depresión durante dos semanas.
¿De qué escritores ha bebido? ¿Quiénes son sus fuentes?
Proust me encanta, aunque no tenga nada que ver con lo que yo hago, y El libro del desasosiego de Pessoa me acompaña constantemente, lo leo, lo vuelvo a releer y no me canso. También he leído muchísimos clásicos, pero siempre he leído de todo, desde que era pequeña. Me lo he pasado en grande leyendo El código da Vinci o la saga Millenium de Larsson. Devoro los best seller. Acostumbro a leer tres libros a la vez: algo de documentación histórica, algún súper ventas y otro libro que me gusta de verdad o algo de poesía.
¿Trabaja por encargo? ¿Cuando termina un libro empieza con otro o espera una temporada?
Ya me estoy documentado sobre otro, pero sin saber si se va a publicar o no. No sé si se va a publicar hasta que lo termino, no tengo esa suerte. Yo lo hago y lo presento, a ver si gusta o no.
¿Al principio no le dio miedo la posibilidad de no publicar?
Escribí “Oria, la Sultana Vascona” (1994) totalmente entusiasmada, con el personaje y con lo que descubrí. Fue algo fantástico. Me enteré que había una sultana vascona y eso fue magnífico. Lo escribí y lo empecé a enviar a editoriales pero me lo rechazaban en todas. Me puse terca y un domingo le dije a mi marido que le iba a llamar a Carmen Posadas, conseguí su número. Hablé con ella, fue muy amable me pidió que le mandara el libro, se lo envié con un ramo de flores, me respondió amabilísima y mostró mi trabajo a su agente. No me lo aceptaron. Más tarde llamé a Rosa Montero, que nació el mismo día que yo, el 7 de enero de 1951. Le escribí una carta contándole cómo éramos del mismo día y pidiéndole ayuda para publicar el libro. Me recomendó Ediciones Libertarias y allí sí me lo publicaron. Como se vendió bien, luego publiqué más. Más tarde con Ediciones B, que no me salió tan bien. Mi extraña amiga Katalina es la segunda que publico con ediciones Ttartalo.
¿Escribe siempre?
Sí, siempre estoy escribiendo. Ahora estoy metida en otra historia. Descanso del hecho de escribir, pero no de documentarme, de pensar qué voy a hacer.
¿Acepta bien las críticas?
No hago ni caso. Al principio sí me afectaban. Las de los amigos las acepto muy bien. Es que estoy en una fase buena de la vida. Creo que, como decía Dámaso Alonso, llega un momento en la vida en el que miras para atrás sin ira, porque las asignaturas que tú crees que tenías que aprobar están aprobadas, y si no lo están hiciste todo lo que pudiste. Yo estoy en esa época en la que creo que mis proyectos más importante se han cumplido, con lo cual, lo que me digan me da un poco lo mismo. No digo que no tengan razón, pero no me importa. Yo me siento bien.
¿Tiene alguna historia que le gustaría trabajar?
En A la sombra de las muchachas en flor, de Proust, se ve cómo detrás de la historia real hay siempre muchas historias. Hay muchas mujeres que han vivido historias “invisibles”, me gustaría escribir sobre mujeres que han vivido la historia, han peleado y han sufrido. Ahora estoy leyendo cosas.

martes, 9 de junio de 2009

VASCOS Y CRIMINALES: MILA BELDARRAIN

La escritora donostiarra Mila Beldarrain tiene querencia por la historia como lo demuestran sus novelas Oria, la Sultana Vascona, historia de la mujer que fue amante de Almanzor, regente a la muerte de al-Hakam II y madre del último califa cordobés, o las novelas dedicadas a Petriquilla, una mujer adelantada a su tiempo que quería ser médico: Petriquilla, Graciosa y el Verdugo negro (De San Sebastián a Madrid en diligencia) y El examen (Petriquilla en Madrid). Dicho gusto por la historia se observa también en sus novelas que podríamos encuadrar en el género de intriga o criminal, ubicadas en la Donostia de entreguerras o en el París de la II Guerra Mundial


KURSAAL (Ediciones Huega y Fierro, Madrid, 2000)


En un ambiente cosmopolita, en el que no faltan las alusiones al veraneo donostiarra de la Familia Real, y en el que convergen, en extraña armonía, una adivina profesional, una intrépida periodista que acaba de regresar de África y el joven al que mantiene junto a damas de la aristocracia, plúmbeos profesores de Filosofía y aspirantes a líderes de un fascismo emergente (en la novela aparece un pequeño “cameo” de quien fue líder máximo del partido fascista rumano “Legión del Arcángel Miguel”, Corneliu Zelea Codreanu), las sucesivas muertes por envenenamiento de dos miembros de un selecto grupo de veraneantes hace que intervengan dos despistados policías que a trancas y barrancas, con una inteligencia e ingenuidad pueblerina, alejada de su contemporáneo Hércules Poirot pero apegada al terruño, acabarán por descubrir qué se esconde tras esas muertes y los anónimos que, como un reto a la propia policía, les acompañan.

ENIGMA (Editorial Erein, Donostia-San Sebastián, 2002)


Junio de 1940. El ejército nazi invade Francia y las banderas del Tercer Reich se despliegan como alas siniestras en el Puente Internacional de Irún. Mugalaris, agentes de la resistencia y contrabandistas cruzan la frontera clandestinamente y Donostia e Irún se convierten en nidos de espías. Ahí se sitúa el relato. “Enigma”, basada en hechos reales tan importantes como poco conocidos, es una narración apasionante que sabe trasladarnos a aquellos momentos tan difíciles de la historia. El espía inglés Pat Robertson, la gitana Mumely, Pedro el de los bichos, guiados por el contrabandista Izar, cruzan la frontera y marchan al París ocupado para rescatar varias máquinas Enigma. Las máquinas Enigma fueron un arma secreta e indispensable que permitió a los aliados descifrar los mensajes codificados de los alemanes y ganar la guerra. El París de los primeros días de la ocupación, la actitud, a veces ambigua, que adoptaron los intelectuales ante los invasores, las actuaciones de la incipiente resistencia que se empezaba a organizar y las peligrosas rutas utilizadas por mugalaris y contrabandistas componen el escenario en el que se mueven los personajes. La historia se cierra con los pormenores del famoso encuentro entre Hitler y Franco en Hendaia.
Nos encontramos, pues, ante un relato de gran interés histórico, son pocos los que conocen las aventuras vividas por el grupo de criptógrafos españoles y polacos, que, bajo el mando del coronel Bertrand del ejército francés, descifraban los mensajes alemanes con la máquina Enigma, y, además, ante una narración atractiva, en la que hay que destacar el lenguaje ágil y sencillo, el humor, la fina caracterización de los personajes y la perfecta ambientación del San Sebastián de la posguerra y de aquella Francia dividida entre el gobierno de Vichy y la ocupación alemana.