Tengo que decirlo con pesar,
porque no me gusta hablar mal de la gente: Amado Gómez Ugarte siempre me
decepciona. El último mono no era, como yo pensaba, una obra
autobiográfica, sino una excelente novela policial, y Los verdes campos
tampoco es un tratado de horticultura, sino una divertida novela que no sé si
considerarla histórica, pero sí que va a ser parte, sin dudarlo ni un momento,
de nuestra historia como lectores. Conclusión: Amado es un mentiroso compulsivo,
pero un fabuloso narrador.
Y por eso mismo, porque los narradores
son inventores de historias, es decir, unos mentirosos que cuentan, no lo que
ha sucedido en la vida real sino lo que sucede en su cabeza, al final no
podemos tomarnos a mal ese pequeño defecto que tiene Amado, sino que debemos
recrearnos con sus mentiras, es decir, con sus historias, siempre variadas y
diferentes.
Y es que desde su primera obra, una novela corta tan sólo en extensión,
La cosa, que parodia la novela negra sin dejar por eso, de ser,
una novela que podría considerarse como muy bien construida dentro del género, pasando
por El vuelo de la mariposa (en la que hago un pequeño "cameo"
lo que acrecienta, sin duda, su calidad intrínseca), u obras inclasificables,
salvo en una calificación que diga "calidad excelente" como La
Secana, Inframundo y muchas más, Amado ha demostrado que
es un escritor de raza y un placer leerle.
Resumiendo, aunque sé que me
voy a repetir lo que, por otra parte, no deja de ser lógico en un resumen, que a
Amado Gómez Ugarte hay que leerle, hay que leer sus obras anteriores y
hay que leer su última novela, Los verdes campos, en la que nos
traslada a la época del reinado de Alfonso XIII en lo temporal y al valle de
Aiala en lo territorial. Que, por otra parte, no dejan de ser una época y un
territorio estupendos para elaborar una estupenda novela.