lunes, 2 de julio de 2012

LA LUZ MUERTA EN "CALIBRE 38"


Reseña de LA LUZ MUERTA publicada en la revista digital dedicada al género negro CALIBRE 38

Para escribir una novela policial hay que ser muy inteligente. Siempre lo he dicho y cada vez que leo un libro de José Javier Abasolo lo traigo de nuevo al presente. Ya sé que quizás el término hoy en día, incluso para los que supuestamente ejercemos como profesionales de esto, no está muy claro. Desde que Binet y Simon lo confundieran con el conocimiento cultural, el concepto de inteligencia ha dado muchas vueltas, pero no hay más que ver la trama de La luz muerta para entender lo que digo. ¿Qué harían ustedes si después de pasar mucho tiempo sin comerse un colín apareciera la mujer/hombre que lo colmase de placeres y al poco de estar con ella/él sospechase que está utilizando sus encantos para cometer una serie de asesinatos en los que usted, indudablemente, podría salir muy, pero que muy perjudicado? Bien, pues este es uno de los argumentos que ha elegido José Javier para traernos de vuelta a Goiko, aquel detective y exertzaina de tintes marlowianos que ya nos cautivara en Pájaros sin alas, publicada también por Erein y que ha tenido una acogida francamente interesante no sólo a nivel nacional sino internacional.
Y es que Abasolo, con su buen hacer literario, sabe trazar con tiralíneas argumentos y tramas que se enzarzan en el libro sin aparente conexión. En este caso, Goiko, aún convaleciente a nivel emocional de su anterior desventura, despierta el interés de un juez y de su hija, la cual necesita un guía para realizar un reportaje sobre el mundo de la drogadicción en Bilbao y quién mejor que el detective para ser ese padrino-protector-guía. Paralelamente, vamos conociendo las desdichas de Andoni Zubikarai, un forense de esos que han hecho de su vida profesional una exclusividad y que se ve desbordado por una inusual cifra de cadáveres en sus dependencias. Esto le supone una carga de trabajo adicional que no va a ser obstáculo, mas bien al contrario, en la relación personal y carnal que ha establecido con la única mujer con la que ha mantenido una relación seria y estable hasta la fecha, Ainhoa.
La tensión narrativa que caracteriza a las novelas de Abasolo está presente en cada uno de los capítulos de esta novela, haciendo de su lectura algo adictivo, al igual que ese gran personaje secundario que es el Bilbao actual, más allá del Guggenheim. José Javier ejerce de embajador del Casco Viejo y nos retrata no solo las virtudes de una gran ciudad que conoce a fondo, sino también la idiosincrasia de toda una comunidad, de un país.
Echábamos de menos a Mikel Goikoetxea y después de La luz muerta, seguiremos echándolo de menos hasta la tercera entrega, porque sin duda alguna este personaje es de largo recorrido y aunque a José Javier Abasolo le había costado decidirse por la continuidad, creemos sin duda en la apuesta ganadora que ha realizado.
(José Ramón Gómez Cabezas)

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