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lunes, 12 de abril de 2010

FICHERO DE NOVELAS NEGRAS: 163.-NO HAY QUE MORIR DOS VECES (FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA)

Título: NO HAY QUE MORIR DOS VECES
Autor: FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA.
Editorial: PLANETA
Trama: Un ex presidiario es contratado para matar a un hombre, una mujer asesina a su novio el día de su boda en lo que parece un pacto de mutuo suicidio, una adolescente con síndrome de Down es reclutada por una “madame” para que ejerza la prostitución ante clientes muy escogidos. Asuntos aparentemente sin conexión entre sí que acabarán enlazados.
Personajes: El inspector Ricardo Méndez, atípico policía que trabaja siempre en solitario y con un peculiar sentido de la justicia, Gabri, un hombre que ha estado en prisión por matar al violador de su mujer, El Conde, apodo del hombre que contrata a Gabri, El Hombre de la pajarita, cliente de la niña con síndrome de Down, un hombre con “la muerte en los ojos”.
Aspectos a Destacar: Junto a la nostalgia y descripción de las calles de Barcelona, de sus barrios más empobrecidos en los que la palabra solidaridad aún significa algo, Ledesma trata el siempre escabroso tema de la explotación infantil y pese a escribir una novela negra y dura, lanza una mirada compasiva y esperanzada con la gente que sufre una sociedad cada día que pasa más inhumana y despersonalizada.

martes, 5 de mayo de 2009

MÉNDEZ

(Fotografía "robada" a la página web de la librería "Negra y Criminal)

"Si has cometido algún delito para poder sacar adelante a tu familia o amigos, ojalá sea Méndez el encargado de detenerte. Pero si lo has hecho porque eres un auténtico cabrón, reza para que no se cruce en tu camino". Cuando Antonio Lozano me pidió unas pocas líneas para definir al inspector Méndez la anterior frase me surgió espontánea, casi sin pensármelo, y también casi sin pensármelo creo que es un buen inicio para hablar de No hay que morir dos veces, la última novela de Francisco González Ledesma.
Y es que Ricardo Méndez no es sólo el personaje principal de una novela plagada de personajes excelentemente construidos que parecen estar vivos mientras pasean por esas calles de Barcelona que podrían ser nuestras calles, sino que se convierte, a través del relato, en un auténtico conciudadano nuestro al que en cualquier momento podemos saludar, o quizás no, saludar a un tipo como Méndez puede ir en detrimento de nuestra buena fama, aunque difícilmente podremos encontrar a alguien que merezca nuestro aprecio más que el viejo policía surgido de la mente de González Ledesma que se inspiró, según suele comentar, en cuatro policías que llegó a conocer en su deambular, similar al de su propio personaje, por las calles de su añorado barrio chino barcelonés.
Méndez no es un supermadero a lo Stallone, ni un forense al cabo de los últimos avances tecnológicos, como los que aparecen en la serie CSI, ni siquiera es un relamido policía que ha estudiado Derecho Constitucional y Teoría del Estado en su correspondiente academia policial y sabe usar un ordenador de última generación, sino un policía de los tiempos del franquismo, que ha detenido casi a tantos rojos como a carteristas y al que la democracia no ha sido capaz de reciclar aunque a él (ni a nosotros) le importe ese detalle lo más mínimo. Para él sus calles, esas calles en las que ha visto a la gente sufrir, llorar y luchar, caerse y levantarse (o, al menos, intentarlo) le han enseñado más que mil academias y universidades juntas. Por eso sufre con la joven que ha matado a su novio en un desesperado pacto de suicidio mutuo, con la inocente niña aquejada del síndrome de Down que es explotada por quienes, en teoría, tenían el sagrado deber de velar por ella o con la mujer que ha estado esperando a su cuñado, preso durante casi una década, por asesinar al hombre que violó a su mujer. Sufre con ellos y ese sufrimiento, que es el que le hace terriblemente humano, nos lo transmite con una fuerza tal que de verdad creemos que Méndez existe, que no es un invento de González Ledesma sino que en algún lugar, quizás no muy lejano, un policía con los bolsillos de su vieja chaqueta colmados de libros y que jamás llegará a comisario, cree que la gente que jamás heredará la tierra se merece si no un mundo mejor, sí al menos un rincón propio donde ser feliz. Y mientras leemos la última novela de González Ledesma podemos pensar que quizás eso sea posible. Quién sabe, como dice el refrán, la esperanza es lo último que se pierde.

viernes, 24 de abril de 2009

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA - NO HAY QUE MORIR DOS VECES


He recibido procedente de la "Librería Negra y Criminal" de Barcelona, coincidiendo con el Día del Libro, No hay que morir dos veces, la última (por ahora) novela de ese joven octogenario llamado Francisco González Ledesma. No me resisto a copiar la dedicatoria que me hace: “Javier Abasolo, gran amigo, te debo mucho. Gracias. Un abrazo”.

No transcribo la dedicatoria para sacar pecho, sino todo lo contrario. Ledesma no me debe nada, soy yo quien estoy en deuda con él, que me hizo el honor de presentar hace ya cuatro años, en Barcelona, mi novela El color de los muertos. Y el hecho de que me considere su amigo, pues bien, eso sí que me envanece, pero considero que está más que justificado ese envanecimiento.
Si he copiado la dedicatoria es, precisamente, para mostrar su gran humanidad (el que es una gran escritor lo damos por supuesto) y cómo, siendo uno de los patriarcas de nuestras letras, no desdeña ofrecer su apoyo y amistad a alguien que está a muchas leguas de él.
Gracias, maestro. Eskerrik asko.