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viernes, 5 de octubre de 2018

JUAN IGNACIO DE IZTUETA Y YO (JUAN ANTONIO URBELTZ)


LA OBRA: Juan Antonio Urbeltz analiza desde una perspectiva tan personal como atípica la singular personalidad de Juan Ignacio de Iztueta, autor del libro referencial Gipuzkoako Dantzak, publicado en 1824. Además de bailarín y estudioso de las tradiciones populares guipuzcoanas, Iztueta fue famoso por su convulsa vida: pasó años en prisión a causa de diferentes pleitos –fue acusado de robo y de inmoralidad–, se casó en tres ocasiones, tuvo una decena de hijos, afrancesado, colaboró con los revolucionarios… Dos siglos más tarde, Juan Antonio Urbeltz, investigador y conocedor del folklore vasco, aporta un enfoque singular sobre la personalidad de Iztueta, un hombre arrollador, ya conocido en su época, y llega a una insospechada conclusión: Juan Ignacio de Iztueta era “otra cosa”. Y esa “otra cosa” que fue Iztueta es la que Juan Antonio Urbeltz ha estudiado en este ensayo tan audaz como apasionante.

EL AUTOR: Juan Antonio Urbeltz (Iruñea, 1940), acompañado de su esposa Marian Arregi (Donostia 1944-2018), ha dedicado su vida al estudio e investigación de la cultura vasca y, más concretamente, a sus danzas tradicionales y fiestas de Carnaval, su gran pasión. Su trayectoria está jalonada por la publicación de importantes libros y estudios en torno a la cultura y la danza que le han deparado gran reconocimiento. Además, ha sido el promotor de numerosos y prestigiosos espectáculos de danza tradicional.



martes, 28 de febrero de 2012

BUSCANDO A MARILYN (IGNACIO CARRIÓN)


En el verano de 1987, vísperas del 25 aniversario de la muerte de Marilyn Monroe, Ignacio Carrión recorrió Estados Unidos de costa a costa en busca de las huellas del sex-symbol que enamoró a toda América y despertó los deseos del resto del mundo. Rastreó la pista de aquella criatura vulnerable desde su adolescencia miserable hasta su muerte, si cabe, aún más miserable. Entrevistó a su primer marido, Jim Dougherty, el único que la conoció virgen; al camarero del restaurante a donde la llevó a comer Tom Kelley después de fotografiarla desnuda para un calendario y al florista que durante décadas depositó en su tumba rosas rojas por encargo de Joe Di Maggio, el segundo marido de Marilyn. Este libro recopila por primera vez aquel largo y melancólico recorrido por una geografía, la del mito.

viernes, 11 de febrero de 2011

EL ÁFRICA DE THOMAS SANKARA (CARLO BATÀ)

Thomas Sankara (1949-1987) fue el presidente de Burkina Faso de 1983 a 1987. Con una potente combinación de carisma personal y fuertes convicciones marxistas y pan-africanistas, su gobierno llevó a cabo iniciativas contra la corrupción y el imperialismo francés y mejoró la educación, la sanidad, la agricultura y la situación de la mujer, nacionalizando las tierras, las minas y los servicios públicos. Sus logros le valieron el apelativo de “Che Guevara Africano”. Su programa revolucionario provocó una fuerte oposición de los líderes tradicionales de la pequeña pero poderosa clase media, así como el recelo de Francia. Estos factores provocaron su caída y asesinato en un sangriento golpe de Estado el 15 de octubre de 1987.

viernes, 23 de julio de 2010

CECILIA G. DE GUILARTE. REPORTER DE CNT NORTE. SUS CRÓNICAS DE GUERRA (JULEN LEZAMIZ & GUILLERMO TABERNILLA)

LA OBRA: Cecilia G. de Guilarte, nacida en Tolosa en 1915 en el seno de una familia obrera, es un referente de las letras vascas y la primera mujer corresponsal de guerra, ya no sólo del periodismo vasco, sino de toda la cornisa Cantábrica. Una pionera injustamente tratada por la historia que abrazó el anarquismo de un modo casi confesional y que cubrió para su periódico los frentes de Gipuzkoa, Bizkaia, Santander y Asturias entre 1936 y 1937.
En la páginas de “CNT Norte” ofreció una visión de la guerra muy alejada de los tópicos que asignaban a la mujer periodista un rol de mera propagandista, reivindicando por derecho propio el lugar que le corresponde y que, haciendo bueno aquello de que nadie es profeta en su tierra, siempre se ha reservado para las periodistas extranjeras.
Compartiendo con los milicianos largas horas en los parapetos, sufriendo las penalidades de la guerra, Cecilia conoció de cerca la solidaridad que tanto hermana a los combatientes y ya no quiso privarse de su compañía; quizás porque, como dijo una vez, así “se sentía más periodista que nunca”. De este modo, persiguió la noticia allá donde estuviera, sin importarle el peligro que pudiese correr, ya fuese en medio de la batalla de Irún, en las calles de Bilbao durante los trágicos sucesos del 4 de enero de 1937, en las posiciones del batallón Isaac Puente en Cimadevilla o en la ofensiva del general Mola.
Fue una mujer que se atrevió a publicar un folletín por entregas que no tenía más pretensión que la de entretener a los milicianos. Así se fragua la gran novelista que vendría después, en el exilio de México, cuando hubo que empezar de nuevo tras la derrota de 1939.
Este libro nos muestra a Cecilia a través de sus crónicas de guerra. Una joven periodista que se ofreció a contar lo que veía en el convencimiento de que ésa sería su mejor aportación al esfuerzo bélico. Alguien que nunca perdió la fe en la victoria, ni siquiera en medio de la debacle.

Artículo publicado en el Diario Vasco el 23 de julio de 2010. Redactora: María Pagola.
La Guerra Civil española dejó importantes personajes que, con el paso del tiempo, han pasado a ser una parte más de la historia. Profesores, fotógrafos, periodistas... en definitva, personas que de una u otra forma aportaron su grano de arena en aquella época. Pero, por desgracia, no se ha reconocido el trabajo de todos por igual. «Cecilia G. de Guilarte fue una pionera injustamente tratada, nadie se ha acordado de su faceta periodística y eso que fue la única fémina reportera de guerra», asegura Julen Lezamiz, autor del libro Cecilia G. de Guilarte. Reporter de la CNT. Sus crónicas de guerra.
Nacida en Tolosa en 1915 mamó la ideología anarquista desde muy temprana edad. Su padre, un trabajador de la industria papelera, «le animó desde niña a que escribiera. Al ser anarquista, era un hombre con unas ideas más liberales, no hacía diferenciación alguna entre hombre y mujer», señala Ana Mari Ruiz García, hija de Guilarte. Una mujer con gran iniciativa y ambición que, según su propia hija, «desde muy niña decidió que quería ser escritora y nadie se lo impidió; a pesar de que su madre no estuviera del todo de acuerdo».
Con tan sólo once años publicó su primer escrito en una revista; ese fue un paso trascendental para una larga y destacada trayectoria periodística. Siendo una adolescente, se marchó a Madrid a trabajar para el periódico de la CNT, sus colaboraciones eran tan asiduas como le era permitido. Fue el pistoletazo de salida para su prometedora carrera profesional, comenzó a realizar entregas periodísticas y literarias a diferentes periódicos de todo el país; desde Bilbao hasta Canarias, pasando por Madrid. En 1953 fue contratada como colaboradora para la revista madrileña 'Estampa'. Su director, Vicente Sánchez de Ocaña, fue el que le animó a que modificara su apellido y lo redujera a una G. Asimismo, hizo su pequeña aportación literaria, «publicó pequeñas novelitas como Rosa del rosal cortada, dedicada a Pío Baroja», explica Ana Mari Ruiz.
Una vez estalló la Guerra Civil su vida dio un giro inesperado. Tuvo que volver a su pueblo natal, Tolosa, «no satisfecha con la decisión que se vió obligada a seguir, comenzó su labor como reportera de guerra», explica Julen Lezamiz, autor del libro. Guilarte cubrió para el periódico 'CNT Norte' los frentes de Gipuzkoa, Vizcaya, Santander y Asturias entre 1936 y 1937. Cubrió acontecimientos tan importantes como la batalla de Irún, los sucesos del 4 de enero de 1937 en Bilbao y la ofensiva del general Mola. Su hija asegura que fue una ardua tarea la que Cecilia G. de Guilarte se vió obligada a cumplir, «Reportajes, entrevistas en las trincheras...arriesgándose con tal de cumplir la noticia. Era una más, incluso compartía la comida con los soldados». Nunca quiso ser objetiva en sus crónicas, pero sus relatos «siempre estaban exentos de partidismo y eran muy críticos», asegura la hija de Guilarte. Llamaba la atención la forma tan peculiar de escribir que tenía, ya que siempre redactaba sus crónicas en primera persona, «contaba todo tal y como era o, al menos, la percepción que ella tenía. Siempre echó en falta que alguien valorase sus crónicas como se merecían, en una de ellas señala que envidia a los reporteros americanos que venían a la guerra, ellos se hacían famosísimos, ella no», sostiene Ana Mari Ruiz.
Nunca se sintió infravalorada por ser mujer, a pesar de que en aquella época las reporteras de guerra fueran una verdadera excepción. «Al ser parte del movimiento anarquista libertario de las mujeres tenía casi el mismo papel que los hombres. Ella era reportera de guerra anarquista y dentro de su propio partido, de su sindicato, no tuvo ningún problema; además estaba muy bien relacionada», explica Julen Lezamiz, autor del libro sobre las crónicas de guerra de Guilarte.
Su buena posición para conseguir todo tipo de informaciones derivadas de la guerra provenía de su relación sentimental con Amós Ruiz Girón, perito agrícola de profesión y comandante del Batallón Disciplinario de Euskadi. Gracias a él, consiguió su gran exclusiva, la primera de su carrera. «Realizó una entrevista al único piloto alemán derribado en tierra vasca. A cambio, tuvo que escribir un artículo propagandístico del recién creado Batallón Disciplinario», relata Julen Lezamiz. «Fue una especie de favor, un intercambio de intereses, aún así ese fue su único artículo propagandístico», concluye la hija de Guilarte y Ruiz.
Los republicanos fueron perdiendo terreno y Guilarte -embarazada- y su marido, tuvieron que abandonar tierras vascas y exiliarse a Francia, «mi madre nunca quiso escapar de su tierra». Aún así, Guilarte regresó a España para tener a su primera hija, Marina. Permaneció en Cataluña hasta febrero de 1939, pasó a Francia y, a partir de ahí, inició un largo exilio.
En Francia continuó su labor periodística, colaborando con Le Soud-Ouest. Finalmente, de la misma manera que había ocurrido en España, tuvieron que huir porque los alemanes se acercaban. Según la hija de Guilarte, «salieron en el último o penúltimo barco libre que había para ir a América. Ningún país sudamericano les permitía la entrada. Tras 45 días de espera, México acogió con los brazos abiertos a todos los exiliados». El exilio americano duraría hasta 1963.
Los primeros diez años de exilio trancurrieron en México D.F. donde Guilarte trabajó para la revista 'Rumbo'. En 1941 se consolidó como redactora jefe y directora de la revista 'El Hogar' y más tarde de la revista 'Mujer'. Compaginó su trabajo como periodista con la realización de guiones para la radio y la escritura de novelas. Colaboró con diversas publicaciones de la comunidad vasca en el exilio como: Euzko Deya, Tierra Vasca, Gernika...
Su vida transcurrió en diferentes lugares de México; Michoacán, Hermosillo, Sonora... Muchos de estos cambios de residencia se debían a la labor de su marido, Ruiz Girón, como perito agrónomo, «le mandaron a una plantación experimental de olivas, hoy en día, es una gran industria», comenta Ana Mari Ruiz.
Exceptuando «unas novelas rosas para comer» que realizó la periodista y escritora, desempeñó una frenética actividad culturalen su exilio en México. «Siempre tuvo la suerte de que fueron a buscarle a ella para trabajar», comenta su hija. Realizó actividades universitarias en México, más concretamente, en Hermosillo. Le nombraron jefa de departamento de Extensión Universitaria y directora de la revista Universidad de Sonora. Allí impartió clases de Historia del Arte e Historia del Teatro.
La causa de su vuelta del exilio fue, en gran parte, un accidente que sufrió en 1959, el cual le hizo replantearse su vida y acrecentó aún más la añoranza de su tierra. «Nunca se le quitó la nostalgia», asegura Ana Mari Ruiz.

jueves, 25 de febrero de 2010

PRESENTACIÓN EN BILBAO DE "YO, CURTIS GARLAND", DE JUAN GALLARDO MUÑOZ Y JOSÉ ANTONIO TROYA



Esta tarde, a las 19.30 horas, en la Biblioteca Bidebarrieta de Bilbao Juan Gallardo Muñoz, acompañado por Gabriel Bravo y Garikoitz Fraga presentará su libro Yo, Curtis Garland, escrito en colaboración con José Antonio Troya.

Lo que más impresiona, al alternar con él es esa lección moral de escritura que desprende todo lo que le rodea, el brillo negro de su chaqueta de cuero, su gorra de visera de hombre que está atravesando el desierto, su bigote sonriente de escritor de éxito popular y sus ojos húmedos de hombre libre que ha tenido que resignarse a ser un hombre hoy (Javier Pérez Andujar).

miércoles, 10 de febrero de 2010

ALMA MAHLER GROPIUS (ALMUDENA DE MAEZTU) - PRESENTACIÓN EN MADRID


LA OBRA: Centroeuropa, primer cuarto del siglo XX. Un mundo agitado y en crisis vive momentos cruciales como la primera guerra mundial, la Revolución rusa o la República de Weimar mientras se gesta uno de los períodos más fascinantes de la creación artística: el nacimiento de las vanguardias, los ismos y el diseño industrial. En este ambiente vitalista vive Alma Mahler, musa de pintores y arquitectos, compositora y esposa de Gustav Mahler, Walter Gropius y Franz Werfel, tres genios de la música, la arquitectura y la poesía, respectivamente. Las relaciones tormentosas con sus maridos y sus amantes nos aproximan a una mujer polémica y contradictoria, pero inmensamente humana.

LA AUTORA: Almudena de Maeztu (Madrid, 1964) creció en un ambiente con profundas inquietudes intelectuales. Es nieta del escritor y político Ramiro de Maeztu, y sobrina del pintor Gustavo de Maeztu y de la escritora y pedagoga María de Maeztu.
Tras una adolescencia en La Movida, estudió Historia del Arte en Londres y cursó un máster en Tasación de Antigüedades y Obras de Arte en la Universidad de Alcalá de Henares. En la actualidad, trabaja en la galería Artemisia Arte-Antica al tiempo que participa en la revista "Más Arte". Colaboró estrechamente con José Luis Pérez de Arteaga en la investigación y la redacción de la biografía de Gustav Mahler.

PRESENTACIÓN PÚBLICA DE LA OBRA: El día 25 de febrero a las siete de la tarde en Ambito Cúltural de El Corte Inglés, calle Serrano 52, Madrid.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

ME LLAMAN EL SOLITARIO. AUTOBIOGRAFÍA DE UN EXPROPIADOR DE BANCOS (JAIME GIMÉNEZ ARBE)



Jaime Giménez Arbe, bautizado por la Policía como El Solitario, no es solamente un expropiador de bancos. Provisto de una conciencia política y de un bagaje cultural y existencial nada común, en esta autobiografía, escrita a mano, relata los motivos que le impulsaron a convertirse en un “expropiador”, en lucha permanente contra el capitalismo. Narra también sus relaciones con el movimiento anarquista europeo y con el nacionalismo corso. Igualmente, desmonta la farsa judicial que le condenó a 40 años de reclusión por la muerte de dos guardias civiles. Lo hace desde una cárcel portuguesa, pendiente de su próxima extradición a alguna prisión de máxima seguridad ubicada en el corazón de su principal enemigo: el Estado español.

Artículo publicado por el editor, Jose Mari Esparza Zabalegi, en el periódico digital IZARONEWS
En esta tierra hay muy poco espacio para discutir sobre la Justicia española. Unos la consideran trágica comedia, mientras otros la defienden con un cinismo interesado, no porque crean en ella, que no son tan ingenuos, sino porque saben que, en general, actúa para ellos. Su lógica es disparatada e irracional: puede condenar a diez años a un psiquiatra del Opus por asesinar a lo bestia a Nagore Laffage, e imponer la misma condena a docenas de jóvenes sin otra acusación que la de pertenencia a la organización Segi, perfectamente legal hasta anteayer.
Su parcialidad es total: Barrionuevo o Galindo están en la calle pese a sus condenas por secuestros, torturas y asesinatos, mientras que sentencias cumplidas de 25 años a presos vascos se prologan a capricho. Sus garantías no existen: si como indica la legislación internacional se declarasen nulos todos los procedimientos en los que ha mediado la tortura, la mayor parte de los presos vascos estarían en casa. Por último, su sesgo clasista es brutal: amén de los vascos, sólo pobres se hacinan en las cárceles; banqueros, prevaricadores, corruptos, (¿qué vida llevará el amigo Urralburu?) nunca la pisan realmente. Una vieja jota navarra lo resume así: "La ley es tela de araña / pensada pa los más ricos / se escapan los bichos grandes / y atrapa a los chiquiticos".
Pese a todo, en la denominada delincuencia común, a veces uno desengancha sus prejuicios, se deja llevar por la corriente mediática, y acaba creyendo que si a alguien le condenan, algo habrá hecho. Yo confieso que ni seguí ni me interesó el espectacular juicio que hace dos años le hicieron a Jaime Giménez Arbe en los Juzgados de Pamplona. Del eco mediático, apenas me llegó que un atracador de bancos se había cargado a dos guardias en Castejón. Sólo cuando leí una carta en Internet, bien redactada, en la que exponía su credo anarquista, decidí escribirle, proponiéndole un libro autobiográfico. ¿Razones?: mostrar, en definitiva, el otro lado de la moneda. Para eso estamos en el mundo editorial, que leguleyos, de sobra tiene el Estado.
La contestación no se hizo esperar: pese a sustanciosas propuestas de grandes editoriales, quería editar con nosotros porque "no tenía interés económico sino el de la difusión de su verdad", somos "una editorial de izquierdas" y además somos "vascos, como él y su familia". Su abuelo Arbe era de Berbinzana y sus padres donostiarras.
Su aita había sido gudari de un batallón comunista en el 36; tres años de cárcel tras la guerra, detenido y torturado luego por Manzanas. Su amatxo, música, maestra y militante cualificada del PCE... "Enbor bereko ezpala naiz" dice Jaime en su incipiente euskera. Astilla del mismo palo. No quisieron que su hijo pisara una escuela franquista y lo educaron en el liceo italiano; se hizo músico y políglota, y luego tornero, fresador, soldador cualificado y técnico de refrigeración, oficios proletarios que nunca abandonó y que fueron su mejor refugio entre asalto y asalto a los bancos, su obsesión ideológica. Añádase a todo esto sus cinco idiomas, sus títulos de piloto de helicópteros y barcos, su experiencia en guitarras y armas, sus 27 años de activismo en todo Europa y su capacidad para escribir a mano, de corrido, mil folios con sus sorprendentes memorias, y tendremos que reconocer que nos encontramos ante un personaje nada vulgar, de esos que suele dar la diáspora vasca de vez en cuando.
Pero yo quería hablar de la Justicia española. Pese a conocerla sobradamente, no deja de indignar el crédito que le dimos al juicio de Pamplona, donde le endosaron, con más ganas que pruebas, la muerte de los dos guardias civiles. Tres testigos de cargo fueron claves: uno, el único testigo del tiroteo de Castejón, no lo reconoció en el juicio e hizo un retrato robot que en nada se le parecía. Otro, un rumano, desconocido por ser testigo protegido, dijo que cuando vio en televisión la cara del Solitario, acudió, como buen ciudadano, a testificar a la Policía que tres años atrás, exactamente el día de autos, se había cruzado con él en coche por una carretera navarra. Dos segundos, fueron suficiente. El buen rumano ni siquiera supo aclarar si iba conduciendo o de copiloto, pero eso no importó a Sus Señorías. Los jueces dieron credibilidad a tan prodigiosa (y contradictoria) memoria.
Como le creyeron a una señora que declaró en Algeciras, testigo protegido también y "clave" según la sentencia, que acudió "voluntariamente" a declarar cómo tres años antes también se había cruzado en coche, el día de marras, por una carretera soriana y en apenas ese instante ¡zas! en que se cruzan dos coches, se fijó en la marca del vehículo, sus ojos claros, pelo rubio, camisa estampada, chaleco corto... Es impresionante que estos dos prodigios de la memoria, el rumano y la señora de Algeciras, coincidieran en el mismo lugar, día y hora, para condenar a 40 años de cárcel a El Solitario.
Por eso se comprende el empeño que tuvieron en negarle el juicio con jurado que le correspondía. Porque ningún jurado del mundo, compuesto de gente normal, creería a esos supermanes. Los jueces de Navarra sí. Había otra línea de investigación, pero no interesó seguirla: si la Policía había aportado tan prodigiosos testigos, la prensa había encontrado un nuevo "Lute" y la "sociedad" reclamaba justicia... ¿Para qué preocuparse de lo que diga un atracador de bancos?
Pero acabada la traca mediática, resulta que ese expropiador de bancos sabe escribir, tiene argumentos, camaradas, una ideología en la que apoyarse, una familia que le respalda, unos editores que le editan, unos periodistas dispuestos a salirse del guión establecido. El Solitario sigue en aislamiento, pero no está solo. Y las miradas se vuelven de nuevo hacia la intocable Justicia Española, politizada, policíaca, proclive, proterva.
El caso espectacular de Jaime Giménez Arbe, su trascendencia mediática y sus memorias recién editadas, pueden servir para hacer reflexionar sobre las miles de personas que habitan el purgatorio español, condenadas con procedimientos similares. Los vascos ya tenemos una opción clara para librarnos de esta Justicia: la Independencia; esto es, que nunca jamás bajo una ley española se juzgue a un ciudadano vasco. Pero los españoles tienen también un serio problema con ese monstruo que han creado; esa tela de araña, pensada pa los más ricos...

lunes, 9 de noviembre de 2009

RAMÓN OLASAGASTI PUBLICA LA PRIMERA BIOGRAFÍA EN EUSKERA SOBRE MANUEL IRADIER: AFRIKAKO ARIMAREN ESPLORATZAILEA


Ramón Olasagasti publica Afrikako arimaren esploratzailea, la primera biografía del expedicionario en lengua vasca.

Es una figura fascinante, por su fuerza de voluntad, por su afán de explorar desde pequeño. África es como una enorme esponja que finalmente acaba por absorberte. Contraes la malaria o la disentería y, hagas lo que hagas, si no lo haces sin parar, terminará por pisártelo la jungla. Negro o blanco, aquí tienes que luchar cada momento del día. La actriz Katherine Hepburn resumió así su experiencia durante el rodaje de La reina de África, a las órdenes de John Huston.
El continente negro, coinciden quienes se han dejado atrapar por él, es una pelea continua, un lugar donde no hay sitio para el desaliento, pero capaz de recompensar con oro puro tanto sufrimiento. Así lo retrata también el periodista Ramón Olasagasti en Afrikako arimaren esploratzailea (Elkar), la primera biografía en euskera de Manuel Iradier y Bulfy, el más importante expedicionario vasco y español del siglo XIX.
Aunque la historia de las expediciones coloniales de la época no le coloca en el olimpo de los Livingstone, Stanley, Burton y Speke, tanto su tesón como el objetivo científico de su odisea dieron un sello muy especial a sus hazañas. Y es que, cuando las potencias coloniales enviaban a la conquista a auténticos ejércitos equipados y promocionados por sus países, el soñador Iradier emprendió el rumbo hacia África sin ayuda oficial, ligero de equipaje y de dinero y en la única compañía de su mujer Isabel y de su cuñada Juliana. Tenía sólo 20 años.
Su figura me pareció siempre fascinante, por su fuerza de voluntad, por su afán de explorar desde pequeño. Fue un aventurero total al que, al final, de su vida, todo lo relacionado con África terminó por causarle dolor, resume Olasagasti. Recorrió el continente de Sur a Norte, desde Ciudad del Cabo hasta Trípoli, y ni siquiera las más adversas circunstancias -innumerables encontronazos con los nativos más belicosos de la selva guineana, ataques de fiebre o el acecho de ratas, serpientes y arañas venenosas- le hicieron desistir de su empeño colonialista.
Quería, por encima de todo, adentrarse en el alma de África, a la que no la veía con los ojos del explorador blanco, civilizado, europeo, sino con una profunda admiración. No exploró grandes territorios, pero después de volver, que tampoco era poco, decidió regresar. Y conseguir con aquel segundo viaje la soberanía española para 14.000 kilómetros cuadrados de extensión africana.
En ello quedó la aventura de Iradier. La colonización de África, el conocimiento del continente desconocido, no interesaban a España. Y de ello se quejó amargamente Iradier antes de morir en el olvido en la localidad de Valsain en 1911.
Noticia publicada en el diario EL CORREO el 6 de noviembre de 2009. Redactora: María Zabaleta.