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jueves, 12 de mayo de 2011

ERLEA (REVISTA LITERARIA VASCA) - Nº 4

El cuarto número de la revista cultural Erlea, editado por Pamiela para Euskaltzaindia (Academia de la Lengua vasca) ya está en la calle.
En este número, al igual que en el anterior, se vuelve a analizar la literatura africana. Si anteriormente Argelia y el Magreb fueron los grandes protagonistas del número anterior, en este caso Erlea viaja al África negra para dar respuesta a varios preguntas: ¿Cuál es la lengua de la literatura africana?; ¿La literatura escrita en lenguas europeas, es literatura africana?; ¿Solo la literatura escrita en idioma indígena es literatura africana?; ¿Es necesario elegir entre una y otra?
Tras la presentación de Asun Garikano, la revista nos acerca tres voces: la de nigeriano Obiajunwa Wali, la del keniano Ngugi wa Thiong'o y la del activista de la tribu ogoni Ken Saro-Wiwa, ahorcado por el Gobierno militar de Nigeria en 1995.
n este número, también han escrito sobre África los periodistas y escritores Lander Arbelaitz, Juanjo Olasagarre, Urtzi Urrutikoetxea, Lorenzo Rojo y Koldo Izagirre.
Además de todo lo anterior la revista contiene lo siguiente: un recuerdo a Xabier Lete, Jose Arratibel y Jose Ordorika; se entrevista a Jean Haritschelhar, los objetos de Josu Iztueta, la ''otra cara'' de varios poemas de Miren Agur Meabe, Anari, Igor Estankona y Jon Casenave, y artículos y cuentos de Joxemari Iturralde, Piarres Antziart, Aingeru Epaltza, Jabier Muguruza, Bernardo Atxaga, Andres Urrutia, Felix Ibargutxi y Pello Esnal, entre otros.

Entrevista a Bernardo Atxaga publicada en el periódico Noticias de Gipuzkoa el 9 de mayo de 2011. Redactor: Iñaki Mendizabal Elordi.

José Irazu -Bernardo Atxaga es su seudónimo- toma notas en una estancia luminosa del hotel Carlton, en Bilbao. "Me han dejado una habitación entera para mí", comenta risueño. Le pide un café a su amigo Pello Elzaburu. "No me hace ningún bien, pero lo tomo por vicio", se justifica sin perder el gesto. El escritor ordena sus apuntes (y sus ideas) minutos antes de salir a recoger un premio, el que le concede el Gremio de Editores del País Vasco. Antes de empezar a hablar, se disculpa: "Andamos justos de tiempo, pero es que tengo que vestirme antes de la entrega; además, todavía no sé qué voy a decir exactamente". No es lo único que le inquieta. Le preocupa también una revista que dirige desde hace tres años: Erlea.
Han publicado el cuarto número, dedicado a África, pero se trata de un producto no muy conocido.
Tengo que reconocer que estoy sorprendido con ese tema. Y hemos publicado cosas curiosas, únicas, como un trabajo del Nobel irlandés Seamus Heaney, que además nos escribió un manuscrito para felicitarnos y desearnos suerte. Una auténtica perla, pero no tuvo el eco esperado. Yo tengo mis conjeturas sobre lo que pasa, pero mejor no las comparto, aunque sí quiero dejar constancia de lo que pasa.
Que la gente no conozca este producto no es una buena señal.
No, y lo curioso es que no lo conoce ni gente que está muy puesta en lo concerniente a la cultura vasca. Nosotros solo queremos plantear un producto de calidad, con cosas originales y curiosas; tratamos de ir por delante en algunas cosas, trabajando mucho, nada más. Pero nos está costando dar a conocer Erlea, sí.
Además, y para proceder de Euskaltzaindia, la revista no es nada académica.
Exacto.
Pero la revista se distribuye y se vende bien.
Sí, queremos llegar a los 1.700 ejemplares, pero de momento estamos tratando de acercarnos a los mil, que no está nada mal.
El primer número se publicó en 2009 y 'Erlea' ya ha completado un pequeño ciclo. ¿Se han cumplido los objetivos planteados en sus inicios?
Me acuerdo que empecé a darle vueltas a la idea en Reno, Nevada, hace ya unos tres años, e insistí desde el principio en que en la revista todo tenía que estar relacionado, que teníamos que conseguir una atmósfera única en cada ejemplar, y lo tenemos en cuenta en todo el proceso, empezando por el diseño y acabando en el más mínimo detalle: los colaboradores, las fotos, las citas... Puede que el lector no sea consciente de todo eso, pero seguro que se queda prendado de la atmósfera que flota en cada número. Y ya hemos publicado el cuarto; le he ganado una apuesta a un amigo que me dijo que no llegaríamos a tres.
Es un producto singular, sin duda.
La mayoría de las revistas son como sacos en los que cabe de todo, y hay algunas que lo hacen bien, como Argia, pero la actualidad a la que están sujetos también tiene sus servidumbres. Nosotros nos colocamos un poco más allá de la actualidad, pero tampoco tanto, porque lo que contamos siempre tiene relación con lo que pasa hoy en día.
¿Cómo selecciona el tema principal de cada número?
No apostamos a nada que no podamos ganar. Es decir, elegimos temas que podemos controlar y afrontar con garantías. Me han propuesto publicar un monográfico sobre París, pero no podemos, no tenemos gente suficiente para abarcar todo eso. Apostamos sobre seguro.
África también plantea desafíos.
Sí, pero allí está todo más recogido. De todos modos se nos ha complicado la búsqueda de referencias, porque hemos tenido que investigar y leer mucho más de lo que pensábamos, aunque ha merecido la pena. Hemos conseguido tres textos de otros tantos personajes africanos que muestran a la perfección uno de los grandes dilemas que tienen los literatos del Continente: ¿cuál es el idioma de la literatura africana?
En los últimos años parece estar usted maravillado por África.
Puede parecer, sí, y en cierta medida es verdad, porque para mí es un mundo distinto. Los africanos siguen siendo "los otros" para nosotros, el "otro lado", quizá porque conocemos muy pocas cosas de ese continente.
En este cuarto número de 'Erlea' también se habla del colonialismo, del sometimiento y la independencia. Temas farragosos.
Es curioso cómo tras el sometimiento de los colonos han llegado otro tipo de sometimientos que se han producido entre los propios africanos. Publicamos también un mapa de los idiomas que se hablan en el Continente, para que el lector tenga herramientas a la hora de analizar lo que pasa en la literatura africana, aunque quiero dejar claro que nuestra intención no es la de mostrar la literatura africana. Erlea no es una revista descriptiva, no es académica. Todo lo que nosotros publicamos no nos es ajeno a los vascos y los problemas que se plantean los tenemos aquí también, en cierta medida. El tema principal o el país que destaca no deja de ser más que un mero conductor que nos hace algunas propuestas. Esa es otra cosa que se planteó desde el principio: todo lo que se publique en Erlea tiene que ver con nuestras cosas, con la cultura vasca.
Resulta un planteamiento ambicioso, no exento de riesgos.
No, pero los asumimos, eso no nos importa. Queremos mostrar nuestro mundo, porque nuestro mundo, el del euskera y la cultura vasca, no es pequeño, y no admito que nadie me diga eso. Puede que nuestra geografía sea pequeña, puede que en número de habitantes no seamos muchos, pero el nuestro es un mundo lleno de matices, de grandes riquezas que podemos mostrar. Paul Avery decía que lo que dice una persona puede no ser complejo, pero la persona en sí misma siempre será compleja. A eso me refiero.
Usted ha dotado a 'Erlea' de secciones originales, como el Foro.
Las críticas que leo en otras publicaciones no tienen vida, no tienen movimiento; la gente escribe de forma un tanto fría, y yo quería algo en dinámico, y creo que lo hemos conseguido. Así, seis críticos hablan sobre varios libros y yo trato de coser las opiniones de todos. Puede que en un futuro esta sección se convierta en libro, y tendrá más coherencia que muchos libros que se publican.
Las entrevista también tienen un punto de originalidad, sobre todo la que usted le realiza al viajero Josu Iztueta en este número.
Sí, al entrevistado le decimos que elija diez objetos de su vida y que hable sobre ellos. El planteamiento es sencillo, pero el resultado es magnífico, porque ahí sobresalen cosas sorprendentes del personaje que pocos o nadie conoce. También lo hice con un amigo de Mikel Laboa, y resultó un experimento fabuloso
¿Tiene pensada ya la atmósfera que prevalecerá en el próximo número?
Tengo una idea: autos, coches. Y sobre eso orbitará el resto de la revista.

lunes, 30 de noviembre de 2009

EL AGUIJÓN DE LA LITERATURA: BERNARDO ATXAGA PRESENTA EN SOCIEDAD SU NUEVA CRIATURA LITERARIA, LA REVISTA ‘ERLEA’



Artículo publicado en el diario Deia el 30 de noviembre de 2009. Redactora: Raquel Ugarriza.

El recurso fácil es decir que la Feria del Libro y Disco Vasco de Durango que comienza el viernes es la fiesta de la cultura vasca, pero se trata de bastante más, sobre todo en estos momentos de incertidumbre en el sector. La Azoka, que ha ido ganado con el tiempo, afianza el mercado y la industria cultural vasca, y todo el mundo con un poco de sensatez comprende que una industria aquí y, no digamos en euskera, es absolutamente imprescindible para no ser barridos por los vientos que recorren el mundo y que nos dejarían en la periferia-periferia. No ya viento sino una insidiosa lluvia cae en Zalduondo y Bernardo Atxaga apremia para que la conversación telefónica no se alargue porque no resulta sencillo hablar por el móvil caminando por una pista forestal bajo el chaparrón.
La Azoka significa la movilización de toda la cultura vasca y también sacará de su refugio alavés al escritor de Asteasu, que presentará su última criatura literaria, que no es una novela ni un cuento, sino toda una señora revista impulsada por Euskaltzaindia (Real Academia de la Lengua Vasca) y editada por Pamiela. Al igual que la Feria de Durango, "Erlea", cuyo primer número salió a la calle en octubre, pretende servir de acicate a la literatura en euskera. Por ahora, las perspectivas no pueden ser mejores: Creo que hay 1.700 personas que pueden leer la revista y que con estos lectores se puede edificar un movimiento cultural. Pero este objetivo está ya cumplido y Atxaga presentará en la Azoka la segunda edición del primer retoño de “Erlea”: Espero que finalmente seamos 3.000 personas las que vayamos a leer la revista, pero mi ideal es llegar a 17.000 dentro de diez años.
El autor de Obabakoak (Los de Obaba) y Zazpi etxe Frantzian (Siete casas en Francia) resalta, orgulloso, lo ambicioso del proyecto, una publicación repleta de textos de calidad, impregnados de poesía y con orígenes literarios muy diferentes. Los textos de veteranos como Xabier Lete y la nueva hornada a la que pertenece Irati Elorrieta se combinan con textos que se corresponden a una atmósfera concreta. El primer número de “Erlea” gira alrededor del FarWest; el próximo, de Irlanda: Pensé que lo adecuado era que fuera un producto cuatrimestral porque se necesitan cuatro meses para leerlo de cabo a rabo.
Atxaga sigue hablando desde la pista forestal y de vez en cuando se escucha un vehículo. ¿La edición de “Erlea” es un nuevo camino en la trayectoria del escritor en euskera más reconocido? Siempre he jugado a editar, explica. Pero por primera vez en su vida ha sido una publicación, muy seria, la que le roba horas de sueño. Pero la satisfacción es evidente. A diferencia de cuando comenzó, ahora hay mucho material en la literatura vasca y muchos autores que escriben muy bien, tienen su mundo y lo transmiten. Es como pescar en aquella barraca que había en Igeldo en la que echabas la caña y siempre sacabas una bolsa con algún regalito. En este sentido, hacer “Erlea” ha sido fácil, como pescar en un estanque lleno de peces.
Quizá por su entorno vital, quizá por su especial imaginario, todo aboca a seguir hablando de animales. Para titular la revista huí de los nombres supuestamente poéticos o de vocablos en euskera de un valle remoto que nadie entiende, y elegí erlea (abeja). Abeja es una palabra normal y que tiene muchos ecos en todo el mundo; el periódico de Sacramento se llama "Sacramento Bee" y el cuarto libro de las Geórgicas de Virgilio está dedicado a las abejas.
A esta lógica incuestionable se le añaden las casualidades. Curiosamente estos días leía que el padre de Ander Materola recibió un premio antes de la guerra, la abeja de oro, así que lo voy a tener en cuenta si en el futuro me decido a organizar un concurso literario. A la espera de comprobar si habrá o no una Urrezko Erlea (Abeja de Oro), Atxaga apuesta por seguir aguijoneando la cultura vasca, unos desde “Erlea”, otros desde la Azoka. Ya que estamos hablando de abejas habrá que decir, no que todos estamos en el mismo barco, sino en el mismo campo.