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jueves, 28 de octubre de 2021

SOMOS COMUNIÓN (ÍÑIGO BOLINAGA)

 

Si hay un tema que ha levantado ríos de tinta y apasionadas polémicas, al menos en Euskal Herria, es el de los alzamientos carlistas del siglo XIX. Para unos no fueron más que la consecuencia de un pensamiento reaccionario opuesto al progreso y a los avances que, aparentemente, llegaban con el liberalismo, mientras que para otros era la expresión de un pueblo que tan solo quería mantener su forma de vida y sus tradiciones, incluso sus libertades, su lengua propia y su cultura. Quizás ambas teorías tengan su parte de razón y, como suele suceder en muchos movimientos políticos, el carlismo tuviera dos almas, la ultraconservadora y la popular. No se puede saber qué habría ocurrido finalmente si llegan a triunfar los carlistas en las guerras que se produjeron hace dos siglos. Sí sabemos lo que ocurrió cuando se unieron al bando vencedor de la Guerra Civil. De su histórico lema, “Dios, Patria, Fueros y Rey” desaparecieron los fueros y lo del rey quedó en barbecho. Así que puede afirmarse que, como suele suceder en todos los partidos y organizaciones políticas, finalmente triunfó el alma más conservadora o, al menos, la que recogía el pensamiento de sus dirigentes y no de sus bases.

Íñigo Bolinaga, que a su condición de escritor añade la de historiador, se ha atrevido a novelar un episodio de nuestra historia que aún levanta polémicas y resquemores, e incluso todavía sigue utilizándose como arma arrojadiza entre unos partidos y otros. Afortunadamente puede afirmarse que ha salido triunfante de su arriesgada aventura literaria.

“Somos comunión”, que ya en su provocador título (Comunión Tradicionalista es como se llamó, durante un tiempo, al partido que englobaba a los carlistas. Incluso una escisión del PNV en los años 20 del pasado siglo se llamó Comunión Nacionalista Vasca) hace referencia a su contenido, transcurre durante la última guerra carlista del siglo XIX. Pero no lo hace desde el punto de vista de los generales que dirigían a las tropas, ni desde las camarillas cortesanas o las cúpulas de los respectivos bandos enfrentados, sino desde el de quienes, como voluntarios o combatientes, incluso como espectadores pasivos que sufrían la contienda, fueron sus auténticos, aunque olvidados, protagonistas.

Para ello se fija en una familia que vive y trabaja en un caserío, cada uno de los cuales va a tener un papel muy diferente no solo en la guerra sino también en la vida, pero a los que les une el amor a su tierra. El caserío en el que trabajan no es de su propiedad, sino de un ciudadano bilbaíno de ideas liberales que, tras cobrarles la renta, les deja apenas lo imprescindible para vivir. O quizás sería más correcto decir que para sobrevivir. Así que cuando llegan noticias de que el pretendiente carlista quiere levantar un ejército para recobrar el poder, se alinean, e incluso se alistan, en su favor. No porque prefieran un rey a otro (aunque obviamente se decanten por el que creen que defenderá mejor sus intereses) sino por proteger su modo de vida y sus libertades, incluso por defender aquellas tierras comunales de las que, al ser privatizadas, no pueden disponer, contribuyendo a su empobrecimiento.

Los protagonistas, cuatro hermanos, seguirán caminos diferentes. Uno como entusiasta voluntario en la guerra, otro al servicio de los rebeldes desde un cargo administrativo, un tercero tan solo intentará vivir su vida, ajeno, en lo posible, a los pormenores de la contienda y, por último, la única hermana entrará, como sirvienta, en la residencia bilbaína de los propietarios del caserío familiar conociendo así, de primera mano, la vida en la ciudad y, sobre todo, la forma de vida de “sus señores”. Los cuatro hermanos serán el hilo conductor de una historia que, en el fondo, no nos habla tanto de la guerra o de la política, sino de las vidas de unas personas que nunca lo han tenido fácil, a las que el poder ha dejado de lado, como sucede siempre en casos similares, y que lo único que quieren reivindicar es que también existen.

“Somos comunión” es, no se puede negar, una novela histórica. Incluso, tampoco se puede negar, una novela cuyo telón de fondo es un conflicto bélico. Pero es, sobre todo, una novela que nos habla de unos seres humanos que tan solo quieren tener un lugar propio en el mundo, un lugar en el que poder realizar un proyecto de vida, un lugar en el que, simplemente, estar a gusto y ser felices. Lo que, por otra parte, es lo que desean todos los seres humanos, independientemente de sus afinidades políticas.


 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

SOMOS COMUNIÓN (IÑIGO BOLINAGA)

 

LA NOVELA: 1872. La forma de vida tradicional en el País Vasco, como en otras muchas partes, se encuentra sumida en un profunda crisis, agudizada por las decisiones de los gobiernos liberales, que a menudo atentan contra las mismas bases materiales de su existencia. En ese contexto, los Eguíluz, arrendatarios de generación en generación de un caserío del interior de Bizkaia, se dejarán arrastrar por el torbellino de una nueva insurrección carlista, en un intento desesperado por aferrarse a un modo de vida que desaparece a ojos vista. “¡Claro que éramos carlistas! ¿Cómo no íbamos a ser carlistas?”, dice Adrián, quien, junto a sus hermanos Martín, Gracia y Leonardo, protagonizan esta novela coral en la que se reflejan sus anhelos, sus miedos, sus miserias y, en definitiva, sus razones. Sus respectivas circunstancias les llevarán a actuar de diferentes maneras, a menudo contra sus propios deseos, asumiendo siempre consciente o inconscientemente que forman parte de algo que está por encima de sus aspiraciones particulares.

Somos comunión es una magnífica recreación de una etapa fundamental de nuestra historia, en la que el autor ha hecho un extraordinario ejercicio de empatía para reflejar la mentalidad de quienes perdieron también aquella guerra. Pero es, ante todo, una novela muy entretenida y de agilísima lectura.

 

EL AUTOR: Iñigo Bolinaga nació en Elorrio, Bizkaia. Es historiador y cuenta con documentos que le acreditan como titulado en Estudios Avanzados de Historia Contemporánea, máster de Periodismo y máster de Estudios Vascos. Ha ocupado plaza de profesor suplente de Historia en la Cité Scolaire Internationale de Lyon, y de trabajador en la Ulster Historical Foundation de Belfast, dedicado a labores de apoyo en la realización de árboles genealógicos solicitados por familias americanas, australianas y canadienses que pretendían encontrar a sus ancestros en Irlanda. Es autor de numerosos artículos de corte histórico, como Juana de Albret, la reina de los hugonotes, China Ming, La invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis o La disputa antártica, y de tres libros titulados Breve Historia del fascismo, Breve Historia de la Guerra Civil Española y Breve Historia de la Revolución Rusa, así como del ensayo político-sociológico La Gran Utopía. Asimismo, en 2011 publicó de la mano de Txertoa El testamento-Cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra.


jueves, 4 de julio de 2013

SINFONÍA GUERRERA (IÑIGO BOLINAGA)

Iñigo Bolinaga, autor de ensayos históricos como El testamento o La alternativa Garat, se sirve generalmente de técnicas propias de la narrativa de ficción, pero en su último trabajo Sinfonía guerrera, ha cruzado la línea
y ofrece un novela rigurosamente documentada desde el punto de vista histórico.
El libro del escritor de Elorrio revive la batalla de Vitoria que, como Donostia, conmemora el segundo centenario, y tiene como uno de sus ejes la sinfonía Opus 91 que Beethoven creó para celebrar la decisiva victoria de las tropas de Wellington sobre las de Napoleón en las inmediaciones de la capital alavesa. La sinfonía, además, le otorgó al músico un enorme éxito mundial, y por tanto, dinero, fama y euforia. Sin embargo, más tarde reconoció que había sido una claudicación ante los gustos del público menos exigente y dijo que era una obra de interés comercial.
El autor aborda la historia desde dos puntos de vista, por un lado, la guerra imaginada, épica, gloriosa, heroica e incluso estética. Esta es la visión desde la que trata Beethoven el suceso, ya que el músico nunca asistió a ninguna. Por otro lado, la guerra vivida, devastadora, cruel y deshumanizadora, que nada tiene que ver con lo que Beethoven transmitió.
Aparecen muchos personajes conocidos como el General Álava o la marquesa de Montehermoso , entre otros, pero el personaje principal -el único de ficción- es Marcuello. Este le sirve al autor para convertir la historia en novela. Marcuello a veces es cobarde y a veces valiente y Bolinaga deja ver que la gente no es ni cobarde ni valiente, sino que son las circunstancias las que hacen comportarse de una manera u otra.
El autor comentó que el objetivo ha sido acercar la historia de una forma fácil y sencilla, y más asimilable que lo que normalmente suele ser la historia científica. También remarcó que "no es un novela con escenario histórico sino una historia con escenario novelesco".


Artículo publicado el 4 de julio en el periódico NOTICIAS DE GIPUZKOA: http://www.noticiasdegipuzkoa.com/

miércoles, 13 de marzo de 2013

SINFONÍA GUERRERA (ÍÑIGO BOLINAGA)


El 21 de junio de 1813, un ejército dirigido por Wellington infligió a las tropas de Napoleón una monumental derrota en las inmediaciones de Vitoria. El propio hermano del emperador, José, a la sazón rey de España, tuvo que huir a uña de caballo para evitar perecer o caer prisionero. Aquel acontecimiento, del que este año se conmemora el segundo centenario, supuso el repliegue definitivo de los franceses de la península ibérica y obtuvo un enorme eco en Europa, pues jamás antes las tropas imperiales habían sufrido tamaña derrota en combate. Al rebufo de este eco, Beethoven compuso una sinfonía en conmemoración de la Batalla de Vitoria que cosechó un éxito enorme, aunque luego el autor se lamentara de que, por primera y única vez en su vida, había sucumbido a los gustos del público menos exigente. Con este telón de fondo, Iñigo Bolinaga construye una novela estructurada en dos planos: el primero se corresponde con la batalla real, sangrienta y cruel, que invoca a los instintos más bajos del ser humano; el segundo, a la batalla imaginada, épica, gloriosa, sublime. El primero está protagonizado fundamentalmente por personajes históricos que estuvieron en Vitoria… Welllington, su amigo Álava, el rey José, su amante la marquesa de Montehermoso… y muchos, muchos guerrilleros, como Longa, Espoz y Mina, Dos Pelos o Martina Ibaibarriaga. El segundo plano corre a cargo de Beethoven y sus circunstancias, que son también, en buena medida, las de la Europa del momento. Sinfonía guerrera es una novela tan breve como intensa, tan amena como rigurosamente documentada desde el punto de vista histórico.

viernes, 12 de octubre de 2012

LA ALTERNATIVA GARAT (ÍÑIGO BOLINAGA)


Casi cien años antes de que Sabino Arana proclamara que Euzkadi es la patria de los vascos, el laburdino Joseph Garat propuso a Napoleón crear un estado denominado Nueva Fenicia que agrupara a los territorios situados a ambos lados del Bidasoa. Con demasiada frecuencia, este proyecto ha sido citado como una mera curiosidad, cuando no directamente como una extravagancia histórica, y lo cierto es que el nombre elegido para bautizarlo, que hoy nos resulta tan exótico, quizá no ha contribuido a que fuera de otra manera. Sin embargo, el proyecto de Garat estuvo perfectamente incardinado en las coordenadas políticas de su tiempo, un tiempo en el que Napoleón destruía y construía estados por toda Europa en función de los intereses del Imperio.


Artículo publicado en el periódico EL DIARIO VASCO (http://www.diariovasco.com/) de Donostia-San Sebastián el 11 de octubre de 2012.
Casi cien años antes de que Sabino Arana proclamara que Euzkadi es la patria de los vascos, el labortano Joseph Garat propuso a Napoleón crear un estado, denominado Nueva Fenicia, que agrupara a los territorios vascos situados a ambos lados del Bidasoa. Ahora, el historiador Iñigo Bolinaga ha publicada una historia novelada, una novela sin ficción sobre aquellos sucesos. Y cree que esta propuesta de estado vasco contiene todos los ingredientes del liberalismo y el nacionalismo modernos.
Iñigo Bolinaga nació en Elorrio. Es historiador, máster de Periodismo y máster de Estudios Vascos. Ha ocupado plaza de profesor suplente de Historia en la Cité Scolaire Internationale de Lyon, y de trabajador en la Ulster Historical Foundation de Belfast, dedicado a labores de apoyo en la realización de árboles genealógicos .
Joseph Garat fue un abogado vasco que participó muy activamente en los acontecimientos que marcaron una de las etapas más asombrosas de la Historia: la Revolución francesa y el Imperio. Junto a su hermano Dominique, fue representante del Biltzar (Asamblea) de Laburdi en los Estados Generales de 1789. Después, fue senador con Napoleón.
Garat buscaba la unión de los territorios vascos de ambas vertientes en una única entidad política capaz de garantizar la pervivencia y el desarrollo de la cultura y lengua vascas frente a la oleada uniformizadora que había levantado la Revolución, y creyó que el Imperio napoleónico era la gran oportunidad histórica para llevar a cabo este anhelo, dijo en la presentación de ayer el historiador Bolinaga.
Garat eligió el nombre de Nueva Fenicia porque, según sus lecturas eruditas y sus propias investigaciones, creía que los vascos descienden directamente de los fenicios.
No hay constancia de que el conocimiento de este proyecto se hubiera extendido más allá de las altas esferas políticas e intelectuales, pero es evidente que responde a las coordenadas de su tiempo, tanto en Europa como en el País Vasco -prosiguió el historiador-. Aquí, los acontecimientos políticos europeos revitalizaron un sentimiento identitario secular, cuyo eje eran los fueros. Sobre este sentimiento, Garat hizo una propuesta moderna, pues, en consonancia con los postulados de la Revolución, planteó algo parecido a un estado vasco unificado. Se trata de una visión inédita, basada, ya digo, en la filosofía de la Revolución, que se aparta completamente de los planteamientos que pudieron tener un Larramendi o un Arana.

lunes, 16 de mayo de 2011

ENTREVISTA A ÍÑIGO BOLINAGA EN "EUSKONEWS"

Entrevista publicada en la página web EUSKONEWS. Redactor: Juan Aguirre Sorondo.

A falta de algo más de un año para que se conmemore el 500 aniversario de la conquista castellana del reino de Navarra que puso fin a casi cuatro siglos de historia como entidad política unificada a ambos lados del Pirineo, Iñigo Bolinaga firma un libro que aborda los acontecimientos de 1512 desde su coda en 1598: "El Testamento. Cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra" (Editorial Txertoa, 2011).
¿Cuál es "El Testamento" al que alude el título de su libro?
El de Felipe II, ya que fue el cumplimiento de sus cláusulas lo que originó la reunión de 1598 que dilucidó la cuestión de la legitimidad de la posesión del reino de Navarra. Anteriormente, el testamento de Carlos V también solicitaba esto mismo, pero no se hizo nada al respecto.
¿Hemos de entender que Carlos V y Felipe II murieron con escrúpulos de conciencia respecto al proceder de Fernando el Católico en 1512? ¿O había otro trasfondo más allá de una cuestión de conciencia por la invasión?
Todo parece indicar que ambos monarcas albergaron escrúpulos de conciencia al respecto. Pero a la cuestión moral acompañaron también factores de tipo político dirigidos a contener las reclamaciones territoriales de los reyes desposeídos.
¿Quiénes formaron esa junta de 1598 encargada de dar cumplimiento a las voluntades testamentarias de Felipe II?
El documento conservado no señala nombres, sin embargo, atendiendo a la letra del testamento de Felipe II y a las noticias del cronista Cabrera de Córdoba, podemos señalar a doce altos cargos de la Monarquía Española, entre clérigos, ministros y presidentes de consejo.
Entre ellos Juan de Idiáquez, descendiente de una importante familia de secretarios vascos en los más altos niveles.
Sí. La presencia de vascos dentro de los órganos de gobierno de la Monarquía de los Austrias es una constante en todo el período. Su hidalguía universal les daba opción a acceder a tales cargos, contando además con una merecida fama de buenos gestores y honrados administradores.
Se cita también a Martín Azpilicueta, más conocido como el Doctor Navarro, y su teoría del “latrocinio virtuoso”, por llamarla de algún modo, que parece sacada de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo.
A pesar de su descendencia agramontesa y sus simpatías por los reyes de la dinastía Foix-Albret, el doctor Navarro desarrolló una teoría justificando acciones como la de Fernando el Católico en base a que si el cambio de manos era para mejor, evitando males mayores, podía ser declarado legítimo.
En cualquier caso, resulta sintomático el recurso de los reunidos a tirar de autores pertenecientes al contexto vasco-pirenaico, como ocurre también con Esteban de Garibay, para justificar la conquista.
¿Se refiere a que Garibay acusó de “francesa” a la corte de Navarra?
Me refiero a la utilización de autores cercanos al contexto tratado para justificar con mayor fuerza los hechos relatados. La consideración de los últimos reyes de Navarra como “franceses” no estaba exenta de cierta razón, dadas sus amplias posesiones, fidelidades, vínculos de vasallaje e intereses políticos en Francia, pero eso no nos puede hacer olvidar que tal aserto responde a una pretensión deslegitimadora por parte de una historiografía adicta.
En un momento del diálogo se produce una fricción entre los comisionados a propósito de la existencia de una (y hasta dos) “lengua(s) de Navarra” y una “lengua de los navarros”. ¿Cómo se veían las peculiaridades lingüísticas del reino a finales del siglo XVI?
Hoy en día somos herederos de una tradición que hace que inconscientemente atribuyamos a cada estado, región o ente jurídico-administrativo una lengua y cultura particular y exclusiva. Esta idea, sin embargo, es relativamente nueva. En los tiempos en los que se mueve "El Testamento", igual que en los siglos antiguos y medievales, era muy habitual la yuxtaposición de lenguas en un mismo territorio. Así, en el siglo XVI se pueden apreciar dentro del contexto vasco grupos lingüísticos euskaldunes, castellanos, navarro-aragoneses (romance pirenaico), franceses o gascones. A pesar de ello, no cabe duda de que el idioma hegemónico entre la población era el euskera y que la idea de monolingüismo comenzaba a hacer acto de presencia, dando paso a una nueva etapa de la Historia. Por eso se alude a la “lengua de Navarra” (romance pirenaico) como idioma de corte o administrativa y a la “lengua de los navarros” (euskera) como medio de expresión habitualmente hablado por el pueblo.
Sobre la trama planea la sombra del Duque de Lerma, auténtico factótum del reinado de Felipe III. ¿Qué papel pudo jugar este siniestro personaje en aquella operación?
Francisco de Sandoval y Rojas, que un año más tarde sería premiado con el ducado de Lerma, se encaramó al poder desde el minuto uno de la proclamación de Felipe III como rey de España, poniendo en marcha una poderosa maquinaria de ocupación de todos los resortes de la administración y el gobierno. Como tal, ordenó la formación de la junta y recibió su resolución. Los testamentarios se hallan insertos en el contexto del torbellino que supone el ascenso de Lerma y sus criaturas, y la defenestración política de la vieja guardia, lo que genera tensiones y acusaciones mutuas.
En este sentido, usted deja ver que algunos de los altos cargos que participaron en la comisión quizá prestaron un último servicio a la corona zanjando el espinoso asunto de Navarra.
Muchos de los reunidos formaban parte del círculo del anterior rey, Felipe II, quien los había señalado expresamente como testamentarios. El duque de Lerma aceptó, pues, la junta de Navarra como una especie de canto del cisne de la vieja guardia, un último y brillante servicio que evitaba cerrar de forma ingrata tantos años de sacrificio por la corona.
De las juntas de noviembre de 1598 salió un documento (que en su libro se reproduce en facsímil y en su transcripción literal) que daba soporte jurídico y político a la conquista de 1512. ¿Cuáles fueron los principales argumentos aportados?
Básicamente se trató de argumentos jurídicos y estratégicos. Los segundos son bien conocidos y tradicionalmente utilizados hasta entonces (situación fronteriza de Navarra entre Francia y España, puerta de entrada de tropas y herejías, etc.). Los primeros hacen referencia a los derechos históricos de los reyes de Castilla y Aragón con respecto del trono navarro, rememorando tanto a los reyes godos como a disposiciones testamentarias medievales, así como a la infalibilidad y potestad del Papa en la excomunión de los Foix-Albret, o la posesión en paz y beneficio de sus pobladores por más de cuarenta años, entre otras razones aducidas.
Es importante ponerse en la mentalidad de la época para entender que todo se explica a la luz del derecho privado: los reyes eran dueños territoriales de sus reinos, y ni el pueblo ni la nación eran conceptos que entonces se manejasen, ¿verdad?
Así es. La razón por la que los testamentarios evaluaron la cuestión navarra desde el punto de vista de la desposesión ejercida por un propietario a otro propietario era porque el rey era el poseedor exclusivo de la titularidad del reino, y por tanto único soberano.
Ha citado antes al papa Julio II, quien dio cobertura a la invasión castellana. ¿Hasta qué punto la penetración del protestantismo en Ultrapuertos durante el siglo XVI puede interpretarse como una reacción antipapista tras lo acontecido en 1512?
Creo que la conversión de Juana de Albret y la posterior extensión del calvinismo en sus posesiones no responde tanto a la cuestión navarra como a las dinámicas que siguió una parte de la aristocracia francesa, directamente enfrentada al creciente poder de la familia Guisa. El conglomerado Foix-Albret-Borbón se perfiló como su más peligroso rival, originándose de este modo el grueso de los dos bandos que se iban a enfrentar en las Guerras de Religión. Las razones, pues, aparte de la sincera conversión de Juana, se perfilan mejor desde la perspectiva estratégica de una de las familias aristocráticas francesas más importantes y con más posibilidades de acceder al trono, como se vio con la coronación de Enrique IV en 1589.
La acción del libro se cierra con una imagen de gran fuerza dramática: la quema de los anexos testamentarios de los reyes, junto con otros documentos relacionados con el asunto navarro. ¿Es un hecho comprobado?
Parece que sí. Al final de la resolución se aconseja al rey la quema de toda esta documentación o, en su defecto, su guarda en algún lugar secreto. El hecho de que hoy en día no conservemos absolutamente nada relacionado con esta cuestión, ni siquiera los papeles adjuntos a los testamentos de Carlos V y Felipe II, parece indicar que casi con toda seguridad fueron destruidos. No conocemos el procedimiento pero, dadas las claras instrucciones de la resolución de la junta, lo más probable es que fueran echados al fuego.
¿Historia literaturizada o literatura histórica? ¿Dónde acaba la historia y empieza la ficción en El Testamento?
La cáscara, la presentación, es literaria. El contenido está absolutamente ceñido a la realidad histórica, tanto en lo que se refiere a personajes como lo que trataron en la junta, argumentos esgrimidos y relaciones interpersonales.
¿Qué aporta "El Testamento" a la ya densa bibliografía sobre el tema de la conquista de Navarra?
Un nuevo punto de vista. Los documentos oficiales, y más aún si tienen tantos años de antigüedad, son resultado de una cuidadosa reflexión de la que sale siempre una versión oficial. “El Testamento” aprovecha la excepcional ocasión que tenemos en este caso de atisbar el pensamiento íntimo de los reyes acerca de la cuestión navarra.

viernes, 8 de abril de 2011

EL TESTAMENTO (ÍÑIGO BOLINAGA)

Felipe II siente que ha llegado su fin. Su vida ha sido toda un conflicto en defensa de la religión verdadera. Y, a pesar de ello, su conciencia se ve ensombrecida por un escrúpulo: no haber atendido al deseo de su padre, Carlos V, quien le encomendó revisar la legitimidad de la conquista de Navarra. Es por eso que insta a su heredero a convocar una junta de hombres doctos (y adictos a Castilla), que solvente la cuestión. Aquella junta se reunió en 1598, dos meses después de la muerte del rey, y emitió un dictamen en el que, como cabía esperar, concluía que, «en el negocio de Navarra», no había lugar a escrúpulo. Castilla daba así por zanjada la cuestión en torno a la legitimidad de la conquista del viejo reyno. Ese dictamen, raramente conservado, pues los componentes de la junta aconsejaron destruir toda la documentación al respecto, es el gran protagonista de El testamento. Iñigo Bolinaga lo pone por primera vez al alcance de un público amplio. Pero, además, recrea las sesiones de la junta, lo que le permite exponer de forma didáctica, siempre pensando en un lector interesado pero no especializado, en qué contexto internacional se produjo la conquista, aclarar cuestiones que han hecho correr ríos de tinta, como las bulas que Fernando el Católico obtuvo del Papa para excomulgar a los reyes de Navarra, y exponer cuáles fueron las razones estratégicas que justificaron aquella acción. En definitiva, una contribución tan amena como rigurosa al conocimiento de unos hechos fundamentales, que ve la luz en vísperas de que arranque la conmemoración del quinto centenario de la conquista.

Artículo publicado en el periódico Diario de Navarra  el 8 de abril de 2001. Redactora: Leire Escalada
Un tema atormentaba la conciencia del rey Felipe II al final de su vida y quiso resarcirlo a través de su testamento. Se trataba de la legitimidad de la conquista de Navarra, una revisión que ya le había encomendado su padre, Carlos V. Ésta es la historia que narra el historiador Iñigo Bolinaga Irasuegui (Elorrio, Bizkaia, 1974) en su libro El testamento. Cómo zanjó Castilla la cuestión sobre la legitimidad de la conquista de Navarra (12 euros, 136 páginas). La obra fue presentada ayer por su autor y por el editor de Txertoa, Martin Anso, en la librería Elkar Comedias de Pamplona y en San Sebastián.
Como indica el editor, el libro es un ensayo de divulgación histórica que puede leerse como una novela. Esa vocación divulgativa o didáctica le ha llevado a utilizar una técnica de ficción para recrear unos hechos y ponerlos al alcance de un público interesado en la historia de Navarra pero no necesariamente especializado. En él se retrata la sociedad de la época y la junta que convocó Felipe II para resolver la cuestión navarra. Bolinaga se basó precisamente en el dictamen de esa junta, disponible en la Biblioteca Nacional, para trazar su historia. El historiador explica que El testamento da noticias de un hecho real del cual tenemos un documento que se reproduce en facsímile en el propio libro. En este se da cuenta de que Felipe II tenía sus escrúpulos de conciencia en cuanto a la posesión del Reino de Navarra. Así, el rey solicita a su hijo (Felipe III), en una copia adjunta al testamento , que haga una junta de hombres doctos para que verifiquen si realmente la incorporación de Navarra a la monarquía fue correcta, de acuerdo a derecho o no. La resolución de la junta, tal como relata el dictamen, zanja la cuestión asegurando su legitimidad.
El testamento de Felipe II no aparece en el libro ya que, como explica Boligana desaparecieron todos los documentos. Este dictamen es un superviviente". De hecho, en el propio dictamen (cuya transcripción también incluye la obra) se insta a quemar la documentación referente al tema.
Para el historiador, este trabajo es un juego doble: se describen las justificaciones políticas o diplomáticas de la invasión de Navarra y lo que fue la España de aquella época. Además se tocan los temas más controvertidos de una forma rigurosa, como las bulas papales. Asimismo, en virtud de la credibilidad, está narrado con un habla muy similar a la de la época. No es exactamente el castellano antiguo porque sería muy árido, pero lo recrea, agrega. Así logra trasladar su investigación histórica de un modo fresco pero riguroso.